martes, enero 17, 2012

Borrador de testamento (adaptado)




Me ocurres por amor, en Rosario
precisamente y a la edad oscura
en que uno desconfía porque ha visto
garabatear pizarras a la muerte,
y acumula nociones de naufragio,
coraje en naftalina, días rotos,
dolor en pañuelitos y quién sabe.

Tómala, recupera entre tus párpados
tanta dura invención como mis ojos
quemaron, tanta oscuridad inútil,
y disuélvela con la luz que tienes
para que pueda yo por fin cubrirme
de tu salud, no conocer reparo
más que tu permanencia defendiéndome.

Ambulo entre manías y escaleras
y de pronto me ocupas, desbaratas
peligros, soledad, desasosiego,
promueves hábito de la alegría
y desanudas inocentemente
hilos de tal desorden compartido
que yo me empiezo y canto porque estás.

Pero si me acabara de improviso
te dejo inolvidable testimonio,
es decir, en el aire y en papeles,
nuestra privada suavidad, la ilesa
manera de integrarnos, eso es todo,
porque de veras ya no tengo nada
más que la intimidad que nos ocurre.

domingo, octubre 09, 2011

De susurros epistolares...



María,

Ultimamente te he pensado mucho. Traté de borrar inutilmente cada recuerdo tuyo, sin embargo, las nostalgias de aquellos inolvidables momentos a tu lado, parece, me alcanzarán lo suficiente para toda mi vida.


Hoy me desperté con ganas de saber de vos, como casi siempre me ocurre. Caminé cerca del río, cerca de la barranca que tanto nos gustaba. Sentí que podía encontrarte perdida en algún rincón, bajo la sombra de algún viejo árbol, en medio del bullicio del ir y venir de los autos, distante del mundo, inmersa en tus lecturas, esos extraños cuentos que tanto te gustan de Clarice Lispector y extrañamente a pesar de sentirte ahí tan real, tan viva, no te encontré, o no se, tal vez no quise verte.


Por eso te envío esta carta, se por Alfredo que seguís viviendo en el mismo lugar, se cuánto te gusta esa zona. Ignoro tu reacción al leer todo esto, ante las circunstancias te agradeceré me respondas en dos palabras solamente para expresarme si aún deseás verme y retomar nuestro camino, dejando atrás todos nuestros malos recuerdos y aquellas malas jugadas que te hice. "Ahora", "Ya no", bastará una de esas dos frases para que yo interprete.


Si deseás que te busque solo basta que respondas "ahora" y corro a tu lado sin pensarlo, en caso contrario, ya sabrás que responder.


Siempre tuyo


X




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Entre algunos cupones encontré una carta sin remitente, creí reconocer la caligrafía con la cuál escribían mi nombre, pero al mismo tiempo, la charla con el cartero me impidió abrir en ese momento la misteriosa carta. Un rato después y en absoluto silencio, contemplo que efectivamente no estaba equivocada. Un poco extrañada, tomo lápiz y papel; y respondo:


X:


Efectivamente sigo viviendo en el mismo lugar, sin embargo ya no malgasto mi dinero en libros que nadie lee de Lispector, ahora me dedico a los clásicos, precisamente tengo a mi lado a Virgilio con su Eneida, también yo te he recordado en estos días, te lo cuento:


Libro IV, párrafo 25:


"Reconozco las huellas de una vieja llama, más antes querría que la tierra profunda se abriera ante mí o que me lanzase al padre omnipotente a las sombras con su rayo, a las pálidas sombras de Erebo y a la noche profunda, antes Pudor, que profanarte o romper los juramentos que te hice.


Aquel, el primero que con él me unió, se llevó mis amores, que los tenga consigo y los guarde en su sepulcro"



Con cariño


María.






viernes, julio 15, 2011

La vergüenza de quererte



Mi mundo también es la vieja e inmediata vergüenza de quererte.

Desperté con esta frase en la cabeza. Desperté por esta frase. En sueños, se la decía a alguien y a la vez que la pronunciaba me daba cuenta de que estaba soñando y que era necesario salir de ahí para no olvidarla. Abrí los ojos y sé que sonreía por saberla un pequeño tesoro. Claro, no era una sonrisa facial; era una sonrisa que caminaba a la par de la frase en ese otro lugar inasible que no es aquí ni es allá. Quise memorizarla para arrastrarla hasta este lado, porque sentía una enorme pereza y no terminaba de aceptar el hecho de que tendría que salir de la cama para anotarla. La repetí diez veces para no perderla, como me había pasado tantas veces antes. Pero apenas empezó invadirme la inconsciencia otra vez, advertí que las palabras se hacían humo como antes el sueño que me las había traído. Salí de la cama y escribí la frase en el recibo del celular.

Mi mundo también es la vieja e inmediata vergüenza de quererte.

Mientras mordía la segunda tostada, ya empezando a despertar, la pronuncié en voz alta por primera vez. Traté de recordar a quién se la había dicho y bajo qué circunstancias, pero sabía de antemano que sería un esfuerzo inútil. Jamás recuerdo los sueños. ¿Por qué vieja? ¿Por qué inmediata? Y, sobre todo, ¿por qué la vergüenza? Además, "mi mundo también es", por sí solas, me daban la idea de un reproche; sin embargo ese reproche no era un ataque, sino más bien una defensa; una respuesta a una acusación injusta o tal vez a un reclamo que consideré abusivo.

Quién podría avergonzarme así. ¿Quién y durante cuánto tiempo? La vergüenza fue inmediata y era de larga data. El amor, si es que se trataba de amor el sentimiento (pero, qué otra cosa podría ser si no), era presente. Quererte, le dije; no "haberte querido". Quererte.

La vieja e inmediata vergüenza de quererte. Pronuncié esta parte de la frase en voz alta y, en el espacio que media entre el pecho, los brazos y el mentón sentí el vacío de un abrazo imposible y necesario.

Pero nadie puede enterarse de ese amor; la vergüenza está aquí también, en la recreación de la vigilia, y no alcanzo a comprender por qué.

Arriesgo que es el mismo amor lo que me avergüenza, a mí, que lo acuso siempre de tramposo incluso cuando estamos en los mejores términos. ¿Aceptar el amor me avergüenza, entonces (como también me avergüenza escribir la palabra amor y escribir historias de amor; abiertamente de amor)? Tal vez. Sin embargo el argumento no me convence para la historia. Lo tiro. Si no es el amor lo que me avergüenza, ¿es la persona que me lo inspira? No, imposible. Puede ser (y esto lo acepto inmediatamente, me tienta creer que por resabios del sueño mismo) que me avergüencen las circunstancias bajo las cuales surgió y se mantiene ese amor. Aunque... No, tampoco.

Mi mundo también es la vieja e inmediata vergüenza de quererte.

Un amor que me avergüenza, repito mientras camino. Un amor que me avergüenza, ¿cómo puedo, entonces, llamarlo amor? No, de ninguna manera. Los amores se gritan o se callan por renuncia o por temor. Se consumen, se pudren o se secan. Pero no se los manifiesta vergonzantes. Trágicos, dementes, insustanciales, falsos, caprichosos, pero nunca vergonzantes... Maldita sea, me duele la cabeza y el asunto es demasiado complicado. Creo que esta mañana hubiese sido mejor confiar otra vez en mi pésima memoria y seguir durmiendo. Olvidarme de la frase. Olvidarme del amor. Olvidar toda vergüenza. Seguir la vida tranquila hasta un día morirme. Pero antes pensar en escribir unas líneas cuyo título sería La desvergüenza de quererte; más fácil. O mejor: La pereza de quererte; y luego de haber escrito el título, ni una palabra más. No pensar, no sentir, no desear. Y que me despierten a las siete para ir a trabajar. Requiescat in pace...

Pero esto tampoco es cierto...

miércoles, julio 06, 2011

Sonidos para Ella *



"Sonidos como el de la nieve cuando está a punto de ser pisada por un oso que recién deja de invernar.

El de los abuelos cuando duermen en más de un país al mismo tiempo.

El de la salamandra un instante antes de convertirse en memoria vacilante.

El del sol en cada ojo y el de la luna arremangándose la tarde.

El que no tiene nombre pero tiene alma infinita.

El que deambula buscando una niña que dance.

El que junta brazos, hombros y dientes en un mismo frío.

El de la infancia cada vez más reluciente.

El que junta rocío en una botella destapada.

El del insomnio durante el arco-iris.

El sonido de lo que no quiere ser cazado.

El que golpea la puerta, no con los nudillos, sino con un verbo en infinitivo.

El que galopa sobre la arena y se detiene sólo porque así lo decide el caballo.

El que hace una cuchara revolviendo un té de rosas a la hora en que nadie mira por la ventana.

El que tiene un miedo parecido al de un niño que en vez de ir al bosque, ve venir el bosque hacia él.

El que pide la clemencia de una palabra suave, sin rodeos, frente a una iglesia de cristal que inventó la noche anterior.

El que disimula las fronteras y va de abismo en abismo enumerando las veces en que no ha querido ser engañado.

El que escucha decir. Y no responde: sigue su camino hecho de nueces y pájaros.

El sonido definitivo de la grieta".

*Carlos Skliar
*Fotografía tomada en Uruguay - La Paloma - 2010

sábado, julio 02, 2011

* Foto: Man Ray (Emmanuel Rudnitzky), Rayograph (Gelatin silver print), 1922.

“Temo este silencio, esta vida informe. Voy a la espera de un viento que abra suavemente estos pliegues de agua de una vez y me indique qué puedo hacer por ti; tú que a menudo has puesto nombre a lo innombrado para los otros, incluso para mí”


Adrienne Rich 1976

lunes, mayo 30, 2011

Me asomo...


Me asomo a este precipicio,
para medir la distancia,
para saber que persigo,
para ver lo que me falta,
para notar el vacío,
para llenarme de nada,
para ver al enemigo,
para mirar su mirada.

Me asomo para saber,
para tocar el peligro,
para ahuyentar la rutina,
para pasar el testigo,
para que el aburrimiento,
no venga a dormir conmigo,
para inventar la pasión,
para asomarme contigo,

Me asomo a cada mañana
para tener tu latido,
para sentir que estoy viva,
para perder el sentido,
y descifrar el misterio
de ti, de mí, cada día...
si me da miedo asomarme
me asomo mas todavía

Me asomo al borde del puedo,
para perder el control,
y después para tenerlo,
para no decir que no,
para visitar el templo,
de las Viejas ceremonias,
me quiero asomar al fondo,
y al quiero de nuestra historia.

Me asomo al otro sentido,
al tiempo que va al revés,
me asomo a lo que te asomás,
para ver lo que no ves,

Me asomo a la vida nueva
para conjurar el tiempo,
me asomo a ver tus preguntas,
y decir que si otra vez,


Me asomo a tu luz prendida
en el filo de los años.
Me asomo a los desengaños
y no tomo precauciones,
me asomo al aire que soplas
y a todas las excepciones,
me asomo al beso que besas
y a todas tus tentaciones
me asomo cada mañana...

jueves, abril 28, 2011

/miedo/

Miedo a qué. Miedo de qué. Miedo porqué. Miedo, dónde. Bajo la persecución, la disciplina, el mandato, la vanidad de lo normal. De frente a lo que es aún mayor que el propio cuerpo. Mirando una sombra que no es la propia. En la ciudad. En medio de la espalda de la noche. Como si no hubiera espacio a los lados y la tierra se abriese sin sostén. Obligación de permanecer quieto, inmóvil. Imposibilidad de recordar u olvidar. Detención jamás deseada. En el niño: miedo al reto, al rostro demasiado serio, al abuso, al abandono, a ser quitado del juego, a que se rían, a que se enojen; miedo al sueño, a la pesadilla de los mitos universales, al despertarse y no sentirse, a la burla seguida de golpe, al golpe seguido de burla, a la letra que con sangre sangra, a la llegada del cuerpo, a la partida del cuerpo; miedo a un próximo paso interrumpido por el desierto de los suelos, miedo a perderse en la ciudad y en el mar, miedo transmitido de miedo a miedo , temblor heredado, miedo mayúsculo a Krónos, a próceres cejijuntos, a guerras. Miedos deshechos por el hacer de la infancia. Risa en lugar de miedo. Juego en lugar de miedo. Compañía en lugar de miedo. Abertura infinita de párpados, asombro, brazos extendidos, caminar, caminar, salir a una calle con pájaros, desoír los adultos adustos agravios, hacer de cuenta que aquí no pasa nada, hablarse a sí mismo en un lenguaje personal e intraducible, dibujar, dibujar, patearlo todo, rabieta, iracundia, llanto hacia dentro y fuera, todo en vez del miedo. Los adultos tienen más miedos: crecen con miedo, mueren con miedo. Miedo a la exagerada luz, miedo a la tosca oscuridad. Miedo a la palidez creciente, miedo a la rebelión. Miedo a la ciudad, que esparce miedo por sus megáfonos de miedo. Miedo a la soledad en ciernes que aprieta el alma hasta desdibujarla. Miedo de ser y miedo de no ser. Miedo a la calle en intenso declive y miedo a la ascensión de la emoción. Los primeros lectores sentían miedo. ¿Tendrán miedo los últimos? El infausto dictador, cualquiera de ellos, tenía miedo del miedo de la lectura de otros. El libro fue ahogado en la hoguera. Todos sintieron miedo del fuego lector. Miedo porque hay dios y miedo porque los dioses nada nos dirán y miedo por que se ha muerto todo dios. El susto es impostor. La risa torpe es parte de su idioma. Toda lengua se debilita, se contorsiona, se seca. Dejar el miedo en reposo. El miedo no como respuesta, sino apenas como pregunta balbuceante. Dejarlo aparte, no ignorarlo, no transparentarlo, no desquiciarlo, pero aparte. Hacer que el miedo interrogue, que se traduzca. El miedo puesto en palabras, tiene miedo de sus palabras. El miedo ni es extranjero ni es familiar. Está en la frontera persistente entre un abismo y lo que es ambiguo. El miedo debería ser anterior: ser y ser anterior. Miedo al amor antes del amor. Miedo al destino antes del destino. Miedo al suicidio de la hojarasca antes del invierno. Pero también el miedo es un durante: durante el amor miedo a perder el amor. Durante el destino miedo al destino. Durante la hojarasca miedo al invierno. No puede haber miedo al enseñar y ser enseñado. Vivir es hablar del miedo a vivir. Durante el vivir.

viernes, diciembre 24, 2010


El amor es religioso. Sacralización de los momentos...
El teléfono desde donde te llamé. El café en que me dijiste que sí, bueno, que vos también de alguna manera era evidente que me querías.La esquina que nos tuvo a los gritos una hora.
El amor detiene, registra, hace un templo de los detalles, y es en la obsesión por banalidades donde lo reconozco.
Pero no se lo digo porque el sacerdocio es cosa de uno...
Lástima que nunca escuchaste el llamado.

sábado, julio 24, 2010



- Devolveme la vida que me quitaste.
- ¿?
- Hace cuatro años que perdí la vida. Hace cuatro años que vivo a tu sombra...

Continuará...

domingo, julio 18, 2010

Si supiera cómo...


Veo pasar el día por mi ventana. Gris, frío, interminable…

Juego de niños. Se espera un llamado. Se espera rondando el teléfono y subrayando la ansiedad con Roland Barthes. Tengo su libro forrado en papel manteca; lo llevo a la cama, lo leo en la cocina; lo traslado en mi bolso. “Espero una llegada, una reciprocidad, un signo prometido. Puede ser fútil o enormemente patético. Todo es solemne: no tengo sentido de las proporciones”

Leo veinte, veinte mil veces el capítulo de la espera. Leo y corrijo, agrego: “Cuando se espera no se puede hacer ninguna otra cosa. La espera inhabilita para leer, mirar por la ventana o escribir una carta. Los nervios se concentran en esperar o, a lo sumo, registrar el propio reloj respecto del de la cocina. La escena está atravesada por una decisión: en qué momento la espera se vuelve ostensiblemente inútil. Cuándo se debe dar la pulseada por perdida y resignarse a encarar el camino hacia su número o calle”

- No puedo pensar en mí cuando no estás.

- ¿Y ahora?

- Ahora nada... Ahora ya sé.


Pero me deja sola con mi espera…

Continuará....

sábado, junio 26, 2010

No es amor


- No hablemos de amor
- No
- Esto no es amor
- No
- No es amor
- No - trago-, no.

Continuará....

viernes, junio 18, 2010

Viceversa

Así, exactamente así, me siento hoy... como si lo hubiese escrito yo...
Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
... desazones de verte

tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte

tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte y
temores de oírte

o sea resumiendo
estoy jodido y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también viceversa.
Mario Benedetti

domingo, abril 11, 2010

Clarice...


Al paso que amar, yo puedo hasta la hora de morir.
Amar no acaba.
Es como si el mundo estuviese a mi espera.
Y YO VOY AL ENCUENTRO DE LO QUE ME ESPERA

domingo, marzo 21, 2010

Soy sinceramente tuya...

Fotografía: María Carolina

“El resto es mar” – dijo con la mirada perdida, y me sonrió con ojos que me miraron para siempre.
No necesitábamos decir demasiado, era solo mirarnos. Suficiente.

Silencio. Susurros. Secretos.

Nuestra relación estaba condenada a eso, era algo irreparable. No insistíamos en modificarla. Aprendimos a disfrutarla así, complicada, callada, escondida… nos gustaba eso.
Se paró, y me tendió la mano para que camináramos por esa playa kilométrica. Hacía frío y me abroché la campera. Adoro el viento frío en la cara. “Cuando muera voy a extrañar eso”, dije, y se largó a reír… me dio un beso en la mejilla, de esos que sonrojan… y sentí una sensación de naufragio. Nunca supe donde poner tanto amor.

Silencio. Susurros. Secretos.

Caminamos largo, sin hablar. De la mano. La suya estaba increíblemente fría, acorde al clima… nuestras almas insistían en seguir y las gaviotas, cansadas de luchar contra el viento, nos abandonaban…
El amor que le tengo me desborda, me ahoga, me inunda, me desvasta. Yo solo quiero estar a su lado. No importa cómo, ni a que precio. A su lado. Eternamente, sigilosamente, silenciosamente.
No había una puerta, una grieta de un muro, un rostro humano, que a su lado no tuviese dentro de mí, una resonancia sobrenatural.

Silencio. Susurros. Secretos.

Saber que mi amor exagerado no es correspondido, se ha convertido en mi fantasma personal. Su alma me adora, y me ama… pero no a mi manera... Ahí estaba, pues, el infierno tan temido.
Suspiré, le dije cuánto amaba su compañía… que mi vida sin la suya no tenía demasiado sentido (decirle que definitivamente no tenía sentido me pareció demasiado)
“Te amo” dije sin vacilar. Me sonrió, y me dio otro beso en la mejilla, de esos que sonrojan. Nunca supe donde poner tanto amor…

Cada uno sabe el dolor y la delicia de ser lo que es. ¿No Caetano?

domingo, febrero 21, 2010


La vi al pasar, como esas extrañas escenas que parecen de otro lugar.

Se acercó a mí sin demora, sonriendo de forma exagerada. Feliz por reencontrarme.Yo, en cambio, invadida por nostalgias me mantuve inmóvil. Me dejé abrazar, como si en ese gesto pudiésemos recuperar tanto tiempo perdido.

Aquel largo abrazo lleno de lágrimas calladas, era algo que estaba ocurriendo para siempre en mi propia vida.

Me miró fijo, y me dijo "Seguís sonriendo con los ojos"-... -"Cierto"-
me limité a contestar. No es la primer persona que me recuerda tal particularidad. Mi abuela solía repetirme que mis ojos se reían a carcajadas sin que mi boca se enterara.

"Bueno, ¿Y? ¿Te vas a quedar ahí parada, o me vas a invitar a tomar un café con crema y canela?"- dijo aireada, arrancándome violentamente de mis recuerdos.

Fuimos al bar más cercano, llovía intensamente y estaba anocheciendo... Abrió las tres puertas que nos separaban del lugar elegido, de forma tan decidida y soberbia, que me recordó en un instante porqué habíamos sido, durante algún tiempo, tan buenas amigas.

Pidió sin demora, y aclaró al mozo "para la señorita el café tiene que ser en jarrita"-... Volví a sonreir con la mirada. Nadie me conocía tan bien como ella. Testigo inmemorial de mis miedos más intensos.

Charlamos largamente, sin reproches... No recuerdo el motivo de nuestra distancia. No debe haber sido una razón seria, sino la recordaría. La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda, para contarla.

Es cierto que en algún momento de nuestra amistad, quise generar en ella conciencia del amor. No entendía porqué se empecinaba en amar a alguien que la maltrataba. "Conciencia del amor"... fué lo primero que perdí cuando me enamoré. Me arrepiento de haberla juzgado, nadie puede juzgar a otro enamorado, nadie sabe lo que allí ocurre, ni siquiera un otro que también se encuentre amando.

"Lamento haberte perdido, y brindo por haberte recuperado"-dijo, y me trajo nuevamente a la mesa de café que estabamos compartiendo.

Se acercó una conocida a saludarla, y ella nos presentó brevemente. Volví a abstraerme. Las miraba charlar sin escuchar, observaba como las gotas de lluvia se escurrían por la ventana, el mozo apurado tomaba un pedido en el extremo del bar a una pareja que parecía pelear.
Retiré la mirada y vi mi café, aún sin tomar... mis manos quietas, reposadas... sin urgencias. Son pedazos de absoluto que uno arranca a la vida, que es tan relativa...

lunes, febrero 15, 2010

Tomas instantáneas de un día lluvioso...

Parece que el día se hubiera estacionado a las 6 de la tarde del día más lluvioso del año desde que amaneció. Es impresionante, ¿de dónde viene y a dónde se va tanta agua? No lo sé.


Lo que sí sé es que me faltan tus manos para completar este día. Recuerdo que una de las veces que mejor la pasamos estaba lloviendo… No hicimos mucho, solo caminar de la mano, platicar tonterías, reírnos… y después, bailar. Y no sé, pero a lo largo de estas horas pensé que si seguía lloviendo era porque esas nubes querían que nos viéramos, que si seguían derramando agua era porque nos estaban dando tiempo para ir y buscarnos las manos.


Mira, pasan los minutos y no para de llover… ¿Te imaginas que no dejara de llover hasta que no nos viéramos otra vez? Eso sí, algo de mágico tiene esta lluvia, porque es lo único que me ha puesto de buenas después de estos días de no estar contigo.



El solo pararme frente a la ventana, con el vidrio empañado, me llena de una paz que pocas cosas me causan. No te tengo, es verdad, pero, como te dije hace poco, el simple hecho de saber que existes, el solo saber que estás en algún punto, y que no solo me lees, sino que ahora también me escribes con una dedicación que nadie me había procurado, hace que no me deprima, al menos no tanto…




¿Te imaginas un mundo sin letras? Un mundo sin palabras con las cuales crear nuevas cosas, nuevas expresiones… ¿Te imaginas un mundo sin los poemas que te he escrito?



¿Te imaginas un mundo sin lluvia? ¿Te imaginas no poder salir, voltear al cielo y sacar la lengua para sentir esas frescas gotitas de agua en tu boca? Y es que la lluvia también es un lenguaje. La lluvia me habla de cosas nuevas, de renovación, de un respiro…
La lluvia me escribe en la tierra con charquitos que mi alma va a estar bien…





Texto: Gracias a mi amiga Tay Almada, que generosamente me ha permitido ilustrar las fotografías con fragmentos de su texto "Carta abierta en un día de lluvia".
Fotografías: María Carolina.


sábado, febrero 13, 2010

Llueve



Llueve
sobre la arena, sobre el techo
el tema
de la lluvia:
las largas eles de la lluvia lenta
caen sobre las páginas
de mi amor sempiterno,
la sal de cada día:
regresa lluvia a tu nido anterior,
vuelve con tus agujas al pasado:
hoy quiero el espacio blanco,
el tiempo de papel para una rama
de rosal verde y de rosas doradas:
algo de la infinita primavera
que hoy esperaba, con el cielo abierto
y el papel esperaba,
cuando volvió la lluvia
a tocar tristemente
la ventana,
luego a bailar con furia desmedida
sobre mi corazón y sobre el techo,
reclamando
su sitio,
pidiéndome una copa
para llenarla una vez más de agujas,
de tiempo transparente,
de lágrimas.

Pablo Neruda
* Fotografía: la ventana de mi habitación.

miércoles, febrero 03, 2010

Te lo ruego...


No conforme con tus ojos, te propongo menos cielo y más abrazo... Hace tiempo que te sueño y ya no sé cómo explicárselo a estas manos...

jueves, enero 21, 2010

O mar...

Mar del Plata - Enero 2010

Las rocas encuentran alas en la espuma.
Ninguna despedida compensa
la fidelidad de la casa.