domingo, julio 18, 2010

Si supiera cómo...


Veo pasar el día por mi ventana. Gris, frío, interminable…

Juego de niños. Se espera un llamado. Se espera rondando el teléfono y subrayando la ansiedad con Roland Barthes. Tengo su libro forrado en papel manteca; lo llevo a la cama, lo leo en la cocina; lo traslado en mi bolso. “Espero una llegada, una reciprocidad, un signo prometido. Puede ser fútil o enormemente patético. Todo es solemne: no tengo sentido de las proporciones”

Leo veinte, veinte mil veces el capítulo de la espera. Leo y corrijo, agrego: “Cuando se espera no se puede hacer ninguna otra cosa. La espera inhabilita para leer, mirar por la ventana o escribir una carta. Los nervios se concentran en esperar o, a lo sumo, registrar el propio reloj respecto del de la cocina. La escena está atravesada por una decisión: en qué momento la espera se vuelve ostensiblemente inútil. Cuándo se debe dar la pulseada por perdida y resignarse a encarar el camino hacia su número o calle”

- No puedo pensar en mí cuando no estás.

- ¿Y ahora?

- Ahora nada... Ahora ya sé.


Pero me deja sola con mi espera…

Continuará....

5 comentarios:

María dijo...

los "fragmentos..." son de los textos que uno no puede dejar de leer en la vida.

Bellísimo. gracias por compartirlo, y espero más, entonces.
besos amiga

Le Pingouine Tay dijo...

Che, lindísimo! No puede faltar un post apoyado por algún autor académico afamado jajajaja!

Te mando un besote mexicano!

Maria Carolina dijo...

Ay María linda... a veces quisiera tener una goma de borrar graaande para que no queden rastros... Aunque rápidamente ahuyento esa fantasía, me da terror hacer un agujero en la hoja!...
Besos!

Maria Carolina dijo...

Tay, hermosa... me imagino que tu comentario es autorreferencial... El único autor académico afamado en este blog sos vos!!

Un beso argentino!!

Carla dijo...

Bello, muy bello...!!!
Te dejo mi cariño y el deseo de un buen finde!!!